REGULACIÓN DEL ESTRES

El 19 de febrero, tuve el privilegio de conducir un taller dedicado a la regulación del estrés, un encuentro que se manifestó no solo como una oportunidad para compartir conocimientos, sino también como un espacio de conexión profunda tanto para mí como para los jóvenes adolescentes. Este taller, más que una simple sesión, fue un viaje a través de los sonidos y las vibraciones curativas, diseñado para despertar y armonizar el ser interior de cada uno de los asistentes.

A pesar de los desafíos presentados por el entorno, específicamente, una sala ruidosa situada cerca de una ludoteca, este año al adelantar nuestra sesión, se abrió un portal de tranquilidad que nos permitió sumergirnos completamente en la experiencia sonora sin distracciones. La magia comenzó con los cuencos tibetanos, cuyas vibraciones parecen emanar desde el mismo núcleo de la Tierra, seguidos por el etéreo tintineo de los carillones, el místico drone del shruti box, el delicado llamado de las campanas y la envolvente profundidad del canto armónico. Cada elemento sonoro fue cuidadosamente seleccionado para facilitar un viaje hacia la introspección y la calma.

Una de las experiencias más poderosas del taller fue la posibilidad de trabajar individualmente con cada uno, colocando los cuencos directamente sobre su cuerpo para que pudiera experimentar la vibración en cada célula de su ser. Esta práctica, más allá de ser meramente terapéutica, se convirtió en un puente hacia una comprensión más profunda del propio yo y de la conexión entre cuerpo, mente y espíritu.

La respuesta fue inmensamente gratificante. Al concluir la sesión, compartimos impresiones y reflexiones sobre lo vivido, lo cual reveló no solo la diversidad de las experiencias percibidas, sino también el profundo impacto emocional y espiritual de la práctica. El ambiente del grupo, marcado por una participación activa y un genuino interés en el proceso de aprendizaje y autoexploración, contribuyó significativamente a crear un espacio seguro y acogedor, donde cada voz encontró su lugar y cada corazón, un eco.

Reflexionando sobre el taller, no puedo evitar sentir una profunda gratitud por la oportunidad de guiar a este grupo a través de una experiencia tan transformadora. La armonía alcanzada no solo resonó en los espacios físicos que compartimos, sino que también tejimos entre nosotros una red de soporte y comprensión mutua que, espero, perdure mucho más allá de nuestra sesión. Este taller de regulación del estrés, en su esencia, fue un recordatorio de la capacidad del sonido para sanar, unir y despertar lo más sagrado dentro de nosotros. Con la esperanza de que estas prácticas sigan resonando en la vida de los participantes, me siento inspirada a seguir explorando y compartiendo este camino de sonido y silencio, vibración y paz.

Fecha: 19/02/24

Autor/a: Luisa Fuentes


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